Luego que atravesaron media ciudad mientras escuchaban música y platicaban un poco, llegaron a cenar. Ese día ella remplazó el vestido azul por unos elegantes tacones rojos. Elotes, tacos y algo más, un tiempo después se quedaron mirando fijamente.
–¿Vamos por una pola?
No fue necesaria otra señal. Caminaron casi en silencio mientras llegaban al pub, ella mirándolo de reojo de cuando en vez, el encendiendo su cigarrillo electrónico con gestos fluidos y elegantes. Se sentaron en la barra de aquel lugar, entrelazaron sus piernas y se dispusieron a entregarse el uno al otro en un incomparable set de miradas mientras lentamente se acababa la bebida y se incrementaba el alcohol en las venas.
Espanto. Ella en algún momento de la noche lo escuchó reírse y le fue inevitable pensar «lo amo». En este punto sus ojos se abrieron de par en par y el, al notar el cambio en su expresión corporal, le preguntó qué sucedía.
–Nada, que me gustas mucho– dijo ella.
La noche avanzó un poco más entre un vaivén de risas y caricias, poco a poco se sentaron más cerca el uno del otro buscando complacer esa necesidad que sus cuerpos demandaban.
–Vamos te llevo a tu casa– le dijo el y le plantó un beso en la frente.
Atracción. Tan pronto llegaron fue indiscutible que ella no se quería bajar, no quería que la noche se acabara. Se quitó el cinturón y dejó que su cuerpo se viese atraído al de el, mejor que un imán cuando se está jugando con limadura de hierro. Con mucha gracia ella se sentó en su regazo, cruzó sus brazos por detrás del cuello de su acompañante y lo besó con tal intensidad que su piel se enrojeció enseguida por el roce con la barba de el.
Telepatía. Pasaron minutos que parecieron eternos mirándose el uno en la mirada del otro, permitiendo al otro entrar en el alma que se vislumbra en lo profundo de la pupila.
–Qué sientes, dímelo– dijo el al notar que ella quería decirle algo
–No vale que lo diga, es mejor que lo sientas– respondió ella
–Créeme, lo estoy sintiendo– le contestó
Duda alegre. ¿Será que ya sabe que lo amo? ¿es eso lo que está sintiendo? ¿es correspondido? Se cuestionó ella.
–¿Vamos por una pola?
No fue necesaria otra señal. Caminaron casi en silencio mientras llegaban al pub, ella mirándolo de reojo de cuando en vez, el encendiendo su cigarrillo electrónico con gestos fluidos y elegantes. Se sentaron en la barra de aquel lugar, entrelazaron sus piernas y se dispusieron a entregarse el uno al otro en un incomparable set de miradas mientras lentamente se acababa la bebida y se incrementaba el alcohol en las venas.
Espanto. Ella en algún momento de la noche lo escuchó reírse y le fue inevitable pensar «lo amo». En este punto sus ojos se abrieron de par en par y el, al notar el cambio en su expresión corporal, le preguntó qué sucedía.
–Nada, que me gustas mucho– dijo ella.
La noche avanzó un poco más entre un vaivén de risas y caricias, poco a poco se sentaron más cerca el uno del otro buscando complacer esa necesidad que sus cuerpos demandaban.
–Vamos te llevo a tu casa– le dijo el y le plantó un beso en la frente.
Atracción. Tan pronto llegaron fue indiscutible que ella no se quería bajar, no quería que la noche se acabara. Se quitó el cinturón y dejó que su cuerpo se viese atraído al de el, mejor que un imán cuando se está jugando con limadura de hierro. Con mucha gracia ella se sentó en su regazo, cruzó sus brazos por detrás del cuello de su acompañante y lo besó con tal intensidad que su piel se enrojeció enseguida por el roce con la barba de el.
Telepatía. Pasaron minutos que parecieron eternos mirándose el uno en la mirada del otro, permitiendo al otro entrar en el alma que se vislumbra en lo profundo de la pupila.
–Qué sientes, dímelo– dijo el al notar que ella quería decirle algo
–No vale que lo diga, es mejor que lo sientas– respondió ella
–Créeme, lo estoy sintiendo– le contestó
Duda alegre. ¿Será que ya sabe que lo amo? ¿es eso lo que está sintiendo? ¿es correspondido? Se cuestionó ella.
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