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Mostrando entradas de octubre, 2012

"Nunca jamás"

Nos encanta cuestionarnos sobre cosas de las que no siempre deseamos saber la respuesta. El hombre es masoquista por naturaleza y lo único que busca al final es la verdad. La duda existe cuando nosotros mismos nos cuestionamos si el hecho de conocer la verdad nos hace infelices, ¿vale, entonces, la pena vivir en un engaño que nos aleje de la realidad y que nos haga sentir felices? Entonces, cuando me sucede, no tengo otra cosa que hacer que responderme a mi misma: No, no vale la pena vivir en un engaño, en una realidad falsa, en una felicidad inventada. Es allí donde abro mi mente y suelto mis lágrimas a la almohada y dejo que la verdad, esa cruda y fuerte verdad me atropelle con todas las de la ley. Dejo que la verdad entre en mi mente y baje lentamente hasta ir destruyendo mi corazón. Permito que la verdad se apremie de mi infelicidad, de mis sentimientos de tristeza, de todo lo que tengo. Lo bueno, después de dejar que la realidad me mate es que vuelvo a renacer, y renazco como nunc...

There is nothing left to do

We all have that moment when you don't know if you should just give up in what you are making or continue fighting. We all know that is not a secret for nobody to feel so lonely, even when the person you thought someone was became just another lie, another lie in a life with so many mistakes. We all know, and is not a secret for nobody that the human being is based in lies, in secrets, in gossips, in an uther bullshit. We all know, that we are not who we say we actually are, and that we are not going to make that change.

Qué utopía

Qué utopía fue soñar un mundo idealizado, ése mundo que nos prometíamos el uno al otro, un mundo que parecía rosa, sin problemas, calmado, alegre. Un mundo que, para cualquier otro ser humano, sería el mundo de una pareja perfecta, una pareja que produce envidia, una pareja real y llena de amor. Qué utópico fue el hecho de esperanzarme con aquel futuro "asegurado" un futuro que nunca se llevaría a cabo. Qué utópico fue soñar, no porque soñar sea malo, sino porque aferrarse a una idea sin bases es como subirse a un barco de papel, soñar un mundo idealizado es clavarse al alma espadas, espadas que no duelen hasta el momento en el que vuelves la mirada a la realidad y te encuentras con que estás entre la espada y la pared, y que la única forma de salir de aquel sueño, de aquella ilusión, es traspasando la espada, sintiendo lentamente cómo sangra el corazón con sangre transparente, sangre que las personas solo notan cuando sale a través de los ojos, sangre que se siente como un h...