Nos encanta cuestionarnos sobre cosas de las que no siempre deseamos saber la respuesta. El hombre es masoquista por naturaleza y lo único que busca al final es la verdad. La duda existe cuando nosotros mismos nos cuestionamos si el hecho de conocer la verdad nos hace infelices, ¿vale, entonces, la pena vivir en un engaño que nos aleje de la realidad y que nos haga sentir felices? Entonces, cuando me sucede, no tengo otra cosa que hacer que responderme a mi misma: No, no vale la pena vivir en un engaño, en una realidad falsa, en una felicidad inventada. Es allí donde abro mi mente y suelto mis lágrimas a la almohada y dejo que la verdad, esa cruda y fuerte verdad me atropelle con todas las de la ley. Dejo que la verdad entre en mi mente y baje lentamente hasta ir destruyendo mi corazón. Permito que la verdad se apremie de mi infelicidad, de mis sentimientos de tristeza, de todo lo que tengo. Lo bueno, después de dejar que la realidad me mate es que vuelvo a renacer, y renazco como nunc...
Los sueños, las palabras, los sentimientos, las ideas e ideales. Siempre estamos buscando sentirnos identificados, pero yo me quiero identificar con mis propias palabras