Qué utopía fue soñar un mundo idealizado, ése mundo que nos prometíamos el uno al otro, un mundo que parecía rosa, sin problemas, calmado, alegre. Un mundo que, para cualquier otro ser humano, sería el mundo de una pareja perfecta, una pareja que produce envidia, una pareja real y llena de amor. Qué utópico fue el hecho de esperanzarme con aquel futuro "asegurado" un futuro que nunca se llevaría a cabo. Qué utópico fue soñar, no porque soñar sea malo, sino porque aferrarse a una idea sin bases es como subirse a un barco de papel, soñar un mundo idealizado es clavarse al alma espadas, espadas que no duelen hasta el momento en el que vuelves la mirada a la realidad y te encuentras con que estás entre la espada y la pared, y que la única forma de salir de aquel sueño, de aquella ilusión, es traspasando la espada, sintiendo lentamente cómo sangra el corazón con sangre transparente, sangre que las personas solo notan cuando sale a través de los ojos, sangre que se siente como un h...