Ansiedad. Ella tomó aire antes de elegir qué ropa ponerse. Tenía una cita. Miró por la ventana y se percató que el día estaba soleado.
–Bien– se dijo para sí misma– hoy será un día de vestido.
Sin dudarlo mucho abrió las puertas del armario e inspeccionó todos y cada uno de los vestidos que colgaban de esa baranda metálica, pensó que debía ser lo suficientemente lindo pero informal como para poder utilizar sus tenis blancos y verse bella. No lo pensó dos veces: iba a ser ese vestido azul.
Una vez lista, no muy arreglada como para no encajar en la ocasión pero si lo suficiente para que él se detuviera a mirarla; pidió el transporte que la llevaría a encontrarse con aquel hombre que tantas inquietudes ya le había generado.
Nervios. Tan pronto llegó a la estación donde quedaron de encontrarse, sacó su celular y se dispuso a llamarlo. Mientras el contestaba con su suave pero penetrante voz, ella lo vio pasar a lo lejos y su suelo inevitablemente tembló. Sin quererlo una risita nerviosa salió de su pecho.
Desesperación. Parecieron eternos los minutos que tardaron en encontrarse. Ella, caminando de lado a lado mientras echaba un vistazo adentro de la estación de vez en cuando esperando tener la suerte de deslumbrarlo primero. El jugando a que ya la había visto mientras describía erróneamente cómo iba vestida.
Fireworks. Simultáneamente cruzaron miradas, las sonrisas fueron inevitables y suave y tiernamente se convirtieron en risas nerviosas. Todo esto seguido de un saludo más bien flojo y avergonzado que no era coherente a la expresión de cada una de las partes.
Duda. Ella no supo si para ese momento ya lo estaba amando. Sin embargo, dejó pasar la duda y tomada de la mano de el e inspirando profundamente el dulce aroma de su fragancia se dejó llevar y cruzaron juntos la calle.
–Bien– se dijo para sí misma– hoy será un día de vestido.
Sin dudarlo mucho abrió las puertas del armario e inspeccionó todos y cada uno de los vestidos que colgaban de esa baranda metálica, pensó que debía ser lo suficientemente lindo pero informal como para poder utilizar sus tenis blancos y verse bella. No lo pensó dos veces: iba a ser ese vestido azul.
Una vez lista, no muy arreglada como para no encajar en la ocasión pero si lo suficiente para que él se detuviera a mirarla; pidió el transporte que la llevaría a encontrarse con aquel hombre que tantas inquietudes ya le había generado.
Nervios. Tan pronto llegó a la estación donde quedaron de encontrarse, sacó su celular y se dispuso a llamarlo. Mientras el contestaba con su suave pero penetrante voz, ella lo vio pasar a lo lejos y su suelo inevitablemente tembló. Sin quererlo una risita nerviosa salió de su pecho.
Desesperación. Parecieron eternos los minutos que tardaron en encontrarse. Ella, caminando de lado a lado mientras echaba un vistazo adentro de la estación de vez en cuando esperando tener la suerte de deslumbrarlo primero. El jugando a que ya la había visto mientras describía erróneamente cómo iba vestida.
Fireworks. Simultáneamente cruzaron miradas, las sonrisas fueron inevitables y suave y tiernamente se convirtieron en risas nerviosas. Todo esto seguido de un saludo más bien flojo y avergonzado que no era coherente a la expresión de cada una de las partes.
Duda. Ella no supo si para ese momento ya lo estaba amando. Sin embargo, dejó pasar la duda y tomada de la mano de el e inspirando profundamente el dulce aroma de su fragancia se dejó llevar y cruzaron juntos la calle.
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