No sé si les ha pasado ustedes, pero una relación (sin importar qué tan importante o profunda sea esta) sin ningún tipo de mentira ni de cosas ocultas es, para cada quien, un respiro en la competencia de las apariencias sociales. Es tan sencillo como ver un punto de luz en la más absoluta oscuridad. Pero entonces parece que no para todo el mundo este tipo de relaciones es netamente valiosa y sienten la necesidad de contaminar la pureza de la conexión interpersonal.
Sí, es cierto, todos decimos mentiras y nos acostumbramos a ello desde que somos pequeños cuando nuestras mentiras se valían de un "no, no fui yo quien se comió ese pastel" o un simple "yo no fui", pero una mentira nunca debería traspasar de aquello, de la inocencia de la que está llena en ese punto de la vida, de el miedo que se pueda sentir por el hecho de decir la mentira y el miedo mayor por decir la verdad.
Hay mentiras de mentiras, y en mi opinión ninguna debería traspasar a tal punto de que pueda dañar a alguien (y es que no sólo se daña a alguien buscando hacerle el mal, se daña a alguien haciéndolo preocupar, haciéndolo salir de su zona de confort a una zona en la cual ya no se puede hacer nada, se daña a alguien cambiándole la reputación de él mismo o de otra persona, siempre se puede dañar a alguien con una extrema facilidad), es decir, ninguna mentira debería involucrar a alguien más.
Pero... la mentira no siempre es mala, existe lo que denominan "la buena mentira" que es aquella en la que se engaña a la otra persona, la diferencia es que se le engaña para buscar el bien de la misma dejando de lado el bien propio y haciendo un sacrificio por mantener esta mentira en pie.
¿Por qué no todas nuestras mentiras son simplemente buenas mentiras? ¿Qué tanto cuesta entregarse al otro a tal punto que la única mentira que se le diga nunca sea buscando el beneficio de esta otra persona?...
...¿Qué tanto amor se necesita para hacer esto?...
...Mucho amor, se necesita amar con el ser...
...Y con el alma.
Comentarios
Publicar un comentario