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"Nunca jamás"

Nos encanta cuestionarnos sobre cosas de las que no siempre deseamos saber la respuesta. El hombre es masoquista por naturaleza y lo único que busca al final es la verdad. La duda existe cuando nosotros mismos nos cuestionamos si el hecho de conocer la verdad nos hace infelices, ¿vale, entonces, la pena vivir en un engaño que nos aleje de la realidad y que nos haga sentir felices?
Entonces, cuando me sucede, no tengo otra cosa que hacer que responderme a mi misma: No, no vale la pena vivir en un engaño, en una realidad falsa, en una felicidad inventada. Es allí donde abro mi mente y suelto mis lágrimas a la almohada y dejo que la verdad, esa cruda y fuerte verdad me atropelle con todas las de la ley. Dejo que la verdad entre en mi mente y baje lentamente hasta ir destruyendo mi corazón. Permito que la verdad se apremie de mi infelicidad, de mis sentimientos de tristeza, de todo lo que tengo.
Lo bueno, después de dejar que la realidad me mate es que vuelvo a renacer, y renazco como nunca antes lo había hecho, más fuerte, más clara, más seca, más fría, más nadie y menos yo.
Es así como el amor ha transformado mi forma de ser, como ha moldeado mi corazón. Un músculo que creí que se podía romper, pero no, el músculo sólo se desgarra y, luego de un tiempo de dejar de usarlo vuelve a funcionar a la perfección.
Es aquí donde dejo todos mis sentimientos, detengo mi corazón, divido mis sueños y comienzo otro día con menos yo, y más de lo que tú lograste hacer: Una persona vacía, con una rutina y una vida oxidada.

Pero luego vienes tú, preguntándome el quién soy verdaderamente yo, preguntando qué hice con la persona de la que él se enamoró, diciéndome que he cambiado mucho y que ya ni yo misma sé que hice con migo.
Lo que tu no tienes claro es que si sé qué hicimos con migo, yo al inicio me encargué de sedarme, con un aire tranquilo fui llenando mis venas de ti y suave sin que nadie, ni yo misma lo advirtiera en mis venas introdujiste veneno.
Si vienes y preguntas qué hice con ésa persona entonces la única respuesta que puedo darte es: Tú te encargaste de matarla y de sepultarla. Te aseguraste que no respirara más. Tú y yo decidimos acabar con quien era y crear a éste monstruo sin corazón que nunca jamás volverá a sentir.


El problema es que el "nunca jamás" no se cumple. 

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