Ir al contenido principal

Qué utopía

Qué utopía fue soñar un mundo idealizado, ése mundo que nos prometíamos el uno al otro, un mundo que parecía rosa, sin problemas, calmado, alegre. Un mundo que, para cualquier otro ser humano, sería el mundo de una pareja perfecta, una pareja que produce envidia, una pareja real y llena de amor. Qué utópico fue el hecho de esperanzarme con aquel futuro "asegurado" un futuro que nunca se llevaría a cabo. Qué utópico fue soñar, no porque soñar sea malo, sino porque aferrarse a una idea sin bases es como subirse a un barco de papel, soñar un mundo idealizado es clavarse al alma espadas, espadas que no duelen hasta el momento en el que vuelves la mirada a la realidad y te encuentras con que estás entre la espada y la pared, y que la única forma de salir de aquel sueño, de aquella ilusión, es traspasando la espada, sintiendo lentamente cómo sangra el corazón con sangre transparente, sangre que las personas solo notan cuando sale a través de los ojos, sangre que se siente como un hueco en el centro del pecho, que derrama, que pide compañía. Una herida que sólo deja soledad, sin importar si es la persona más acompañada del mundo, es una herida que solicita tiempo, tiempo y dedicación. Una herida que no sana con vendas, con saturas, con medicinas. Una herida que es pasajera, que sana con el tiempo, que segundo a segundo trata de cerrar, pero siempre existe en nuestra realidad ese vivo recuerdo que es como unas tijeras afiladas, cortando el pecho y abriendo la herida.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Un poema, un café, una lágrima.

                                  20 P uedo escribir los versos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,  y tiritan, azules, los astros, a lo lejos". El viento de la noche gira en el cielo y canta. Puedo escribir los versos más tristes esta noche.  Yo la quise, y a veces ella también me quiso. En las noches como ésta la tuve entre mis brazos. La besé tantas veces bajo el cielo infinito. Ella me quiso, a veces yo también la quería.  Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos. Puedo escribir los versos más tristes esta noche.  Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella.  Y el verso cae al alma como al pasto el rocío. Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.  La noche está estrellada y ella no está conmigo. Eso...

Vespertina

Espera una excusa para sentarse a escribir, un momento donde su mundo no tiene luz y su corazón se queda sin esperanzas. Por su mente pasan susurros de los vestigios de memorias, de besos apasionados y momentos inolvidables, mientras que, ella asegura, por la de él pasan tristezas de aquella persona que considera su ángel, su guardiana y su amor. ¿Dónde queda entonces, el cariño que se ha brindado? No hay comparación alguna, ella es ella y para ti ella lo es todo. Entonces, solo queda sentarse en la oscuridad, bajo la ligera llovizna que le recuerda que, a pesar de todo, se sigue vivo y se está sólo.  

"Nunca jamás"

Nos encanta cuestionarnos sobre cosas de las que no siempre deseamos saber la respuesta. El hombre es masoquista por naturaleza y lo único que busca al final es la verdad. La duda existe cuando nosotros mismos nos cuestionamos si el hecho de conocer la verdad nos hace infelices, ¿vale, entonces, la pena vivir en un engaño que nos aleje de la realidad y que nos haga sentir felices? Entonces, cuando me sucede, no tengo otra cosa que hacer que responderme a mi misma: No, no vale la pena vivir en un engaño, en una realidad falsa, en una felicidad inventada. Es allí donde abro mi mente y suelto mis lágrimas a la almohada y dejo que la verdad, esa cruda y fuerte verdad me atropelle con todas las de la ley. Dejo que la verdad entre en mi mente y baje lentamente hasta ir destruyendo mi corazón. Permito que la verdad se apremie de mi infelicidad, de mis sentimientos de tristeza, de todo lo que tengo. Lo bueno, después de dejar que la realidad me mate es que vuelvo a renacer, y renazco como nunc...