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Capítulo 4. Una mezcla de la realidad y la fantasía

Abro los ojos y veo cómo se mecen debajo de este gran cielo azul las ramas de aquel pino, inhalo profundamente y puedo percibir el verde de sus hojas. Me siento tan cómoda en aquel lugar que decido volver a cerrar los ojos para disfrutar de aquel aroma tan suave; puedo sentir los rayos de sol sobre mi piel y escuchar el silbido del viento, quiero sentir esta imagen por mucho tiempo.
De un momento a otro el sabor a amor me invade, la dirección del viento ha cambiado y el verde de su aroma se ha desvanecido y se ha sustituido por tu perfume. Inmediatamente mi mente se ve transportada a aquel primer día que te vi.
Recuerdo muy bien estar sentada en aquella sala de espera mirando fijamente a aquel puesto en el que te encontrabas. Tu, con tu camisa blanca y las mangas arremangadas hasta por debajo de los codos, tu cabello un poco despeinado pero dando esa impresión de seguridad que tanto manejas, levantándote de tu silla cada vez que contestabas el teléfono y caminando de lado a lado mientras de tu boca salían expresiones claras y contundentes. En ese momento no me fijé en tu voz, aunque estoy segura que me flechó de inmediato; en ese momento solo quise disfrutar de esa escena. Luego, vi cómo jugabas con tu pelota, esa que lanzas inconscientemente contra la pared cuando estás pensando. Tus movimientos fluidos y agraciados despertaron por completo mi curiosidad. - Si esto no me mata, quiero conocerlo - pensé justo antes que me llamaran y perdiera por completo la oportunidad de seguir observándote.
Días después de hacerme esos exámenes, esperaba ansiosa que me llamaran a confirmarme que ya había un resultado, no necesariamente porque esperara que la situación que estaba viviendo diese un giro inesperado, sino más bien porque anhelaba contar con la suerte de que al volver a ese lugar, volvería a verte. Sin embargo, me llamaron, me arreglé, fui y no te vi.
También me acuerdo muy bien que volviendo a casa no paraba de pensar en aquella canción de Silvana Estrada, esa que cada vez que la escucho no sé si es una voz de aliento o una canción de anhelo de lo que pudo ser y no será, esa canción con la que me iría por ti al norte y también al sur y que sin importar si hay destino lo importante es que en el camino vayas tú. En definitiva, como ella dice, parecía que iba a "tomarme unos días recuperarme de ti". 
-Te amo- me dices, y me sacas por completo de mis pensamientos. Por el momento, lo importante es que en mi camino vayas tú, te quiero aquí, te quiero ahora, te amo. 

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