Escribir siempre es un placer inmesurable. No se sabe cuándo van a empezar las palabras a salir y lentamente se forman frases y párrafos. Escribir siempre ayuda a expresar aquello que no nos atrevemos ya sea por miedo o por pudor.
Esta mañana cuando estaba camino a la universidad, en medio de tanta gente, tanto ruido, tantas caras serias me di cuenta que es poco lo que he escrito últimamente. Que por estar en una relación que seguramente no era lo mío dejé perder mi esencia, dejé perder mi norte, dejé perder mi ser.
Dejé de escribir sobre mis alegrías, le puse candado a la imaginación, bajé el volumen de mi voz y castigué a las cuerdas de mi guitarra. Poco a poco, y sin que nadie lo pidiera o lo exigiera, fui poniéndome ataduras cada vez más fuertes hasta que me convertí en aquello que siempre había detestado: un ser humano común y corriente. Y fue tanto lo que me pesó sentirme tan opacada, tan oprimida que llegó el final de la relación y no tuve de otra sino sentirme libre.
Pero no, no es esa libertad de la que se jactan las solteras desordenadas. Empecé a salir conmigo misma, a hablarme, a cuidarme y ha sido tal el punto que aquí estoy, escribiendo sobre mi, sobre mi vida y sobre mi felicidad.
En verdad, sea quien sea que lea esto (y es muy seguramente que sea Carolina pero en un par de años), quiero darte un consejo y espero que sinceramente lo tomes.
No lo vale. No vale la pena cambiar por otra persona. No vale la pena transformar tu esencia por alguien más. No vale la pena entregarle a otra persona las cosas que te hacen netamente feliz a ti. No, no me refiero a que no debas entregarle cosas a la persona con la que estés compartiendo porque, de hecho es demasiado importante; a lo que me refiero es que no dejes que cosas tan especiales para ti como cantar, tocar instrumentos, hacer ejercicio, escribir y leer se pierdan por estar en una relación.
Carolina, es importante que seas tu misma, que como has venido haciendo este mes larguito sigas desatando esos nudos que se crearon y que cada día te sientas más y más libre.
Te amo Carolina
C.
Esta mañana cuando estaba camino a la universidad, en medio de tanta gente, tanto ruido, tantas caras serias me di cuenta que es poco lo que he escrito últimamente. Que por estar en una relación que seguramente no era lo mío dejé perder mi esencia, dejé perder mi norte, dejé perder mi ser.
Dejé de escribir sobre mis alegrías, le puse candado a la imaginación, bajé el volumen de mi voz y castigué a las cuerdas de mi guitarra. Poco a poco, y sin que nadie lo pidiera o lo exigiera, fui poniéndome ataduras cada vez más fuertes hasta que me convertí en aquello que siempre había detestado: un ser humano común y corriente. Y fue tanto lo que me pesó sentirme tan opacada, tan oprimida que llegó el final de la relación y no tuve de otra sino sentirme libre.
Pero no, no es esa libertad de la que se jactan las solteras desordenadas. Empecé a salir conmigo misma, a hablarme, a cuidarme y ha sido tal el punto que aquí estoy, escribiendo sobre mi, sobre mi vida y sobre mi felicidad.
En verdad, sea quien sea que lea esto (y es muy seguramente que sea Carolina pero en un par de años), quiero darte un consejo y espero que sinceramente lo tomes.
No lo vale. No vale la pena cambiar por otra persona. No vale la pena transformar tu esencia por alguien más. No vale la pena entregarle a otra persona las cosas que te hacen netamente feliz a ti. No, no me refiero a que no debas entregarle cosas a la persona con la que estés compartiendo porque, de hecho es demasiado importante; a lo que me refiero es que no dejes que cosas tan especiales para ti como cantar, tocar instrumentos, hacer ejercicio, escribir y leer se pierdan por estar en una relación.
Carolina, es importante que seas tu misma, que como has venido haciendo este mes larguito sigas desatando esos nudos que se crearon y que cada día te sientas más y más libre.
Te amo Carolina
C.
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