Ir al contenido principal

Mi último deseo

23 de Septiembre
  
Escribo estas últimas palabras para que por favor el que encuentre este escrito haga lo que deseo, si es mucho pedir ni continúe leyendo, no le interesará.

Gracias por ayudarme, mi nombre fue Diego Botero, estuve enamorado, si, pero por ese motivo hoy acabo con mi vida. Si enserio desea ayudarme sólo hay una manera de hacerlo, viajando a Europa para contarle las buenas nuevas a la persona a la que amé, si, ella está casada y esto lo descubrí el mismo día que me reencontraba con ella. Por el dinero del viaje no se preocupe, entre a la cuarta habitación a mano derecha, allí, bajo la segunda tabla al lado izquierdo de la cama se encuentran tres mil dólares, allí, también encontrará una carta, si la desea leer, le explicaré más mi historia, le contaré más acerca de qué tanto la amaba, si no la lee, sólo vaya hasta Europa y dígale a la única persona a la que amé, que he fallecido, que ya no estoy en este planeta y que por mi no se preocupe, que nadie más la podrá amar como yo la amo y que su esposo no podrá hacerla tan feliz. 

No me demoré nada en subir las escaleras, ni en encontrar la habitación, en lo que más me demoré fue en contar el número de las tablas, cuando lo encontré, lo primero que hice fue abrir la nota, con entusiasmo, la empecé a leer, ésta decía así:
Nuestra historia comenzó un veintitrés de septiembre, era un día como el de hoy, oscuro pero con cierto sabor y con cierta necesidad al misterio, había empezado a llover y ella, ella con un vestido rojo, con su piel tan blanca y con sus ojos azules, estaba debajo de esa lluvia, intensa, provocativa, daba vueltas, estaba bailando, yo, me detuve a mirarla, me parecía extraño, me llamó la atención, pareciera que en el mundo sólo existía ella, cuando de repente, se detuvo, no demoró más de dos segundos en darse vuelta y mirarme fijamente a los ojos, con una mirada penetrante, enamorada. Yo, muy nervioso, sonreí porque no supe qué más hacer, me había desaparecido por completo en su mirada, en su piel, su sonrisa, me había perdido en ella. 
Se acercó bailando, pasos de tango, su vestido rojo se agitaba mientras ella bailaba y se acercaba, con un paso suave, ligero. Yo me paralicé, su mirada me llamaba, me atraía, yo también me moví, bailé, no sé cómo logre realizar pasos de tango, nunca lo había practicado, nunca lo había bailado, fue como, si por primera vez, abriera los ojos y mirara al mundo lleno de color. Juntamos nuestras manos, danzamos una pieza, una pieza sin música, sin ritmo, pero si con amor, eramos dos pero nos movíamos como uno solo, existía pasión, no hacíamos más que mirarnos a los ojos, cada uno metido en los ojos del otro, no desviamos la mirada hasta que acabó de llover, me dijo con una voz suave, dulce, apasionada, clara: "Martha"  , yo no sabía de qué hablaba y ella notó la confusión en mis ojos, repitió: "Martha, así me llamo". 

No necesitamos de más palabras en toda la tarde, ella sabia mi nombre y yo sabia el de ella, no nos dijimos nada más mientras tomábamos un café, yo la acompañé hasta la puerta de su apartamento, ella abrió la puerta y entró, no dijo nada, sólo cerró la puerta y me dejó por fuera de su apartamento, yo, decepcionado, me di la vuelta e iba a empezar a bajar las escaleras cuando una mano se entrelazó en la mía, me dio la vuelta y me besó...

Si usted mira a su derecha, hay una silla mecedora, bajo ella hay otra tabla suelta, allí se encuentra un tiquete aéreo con destino a Canadá, si toma ese vuelo, podrá seguir leyendo la historia, la historia por la cual me suicidé, una de las azafatas le entregará un sobre, espero lo lea y no pierda el vuelo, gracias por lo que está haciendo por un extraño.

Posdata: No se le olvide tomar el dinero, sé que luego lo necesitará.

Prácticamente volé para buscar el tiquete aéreo, lo agarré y miré la hora a la que era el vuelo.
 -Es a las ocho y media, tengo 2 horas.
 Corrí para alistar en una maleta dos o tres prendas, luego tome el vuelo, me senté en la silla que mi tiquete decía y me acomodé, esperando con entusiasmo a la azafata. 
 Por fin llego, me entregó un sobre, le agradecí y le pedí el favor que nadie me interrumpiera mientras leía lo que había en su contenido, lo destapé y empecé a leer:
...Fue el beso más sorprendente, tierno y suave que pude recibir, la abracé, pasaron unos dos o veinte minutos, qué más da. El tiempo a su lado siempre se detenía, el tiempo no era tiempo entre nosotros, juntos nos transportábamos a un mundo paralelo, un mundo que nadie había podido entender...

"Juntamos nuestras manos, danzamos una pieza, una pieza sin música, sin ritmo, pero si con amor, eramos dos pero nos movíamos como uno solo, existía pasión, no hacíamos más que mirarnos a los ojos, cada uno metido en los ojos del otro, no desviamos la mirada hasta que acabó de llover, me dijo con una voz suave, dulce, apasionada, clara: "Martha"  , yo no sabía de qué hablaba y ella notó la confusión en mis ojos, repitió: "Martha, así me llamo". ""Juntamos nuestras manos, danzamos una pieza, una pieza sin música, sin ritmo, pero si con amor, eramos dos pero nos movíamos como uno solo, existía pasión, no hacíamos más que mirarnos a los ojos, cada uno metido en los ojos del otro, no desviamos la mirada hasta que acabó de llover, me dijo con una voz suave, dulce, apasionada, clara: "Martha" , yo no sabía de qué hablaba y ella notó la confusión en mis ojos, repitió: "Martha, así me llamo". "









Comentarios

Entradas populares de este blog

Un poema, un café, una lágrima.

                                  20 P uedo escribir los versos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,  y tiritan, azules, los astros, a lo lejos". El viento de la noche gira en el cielo y canta. Puedo escribir los versos más tristes esta noche.  Yo la quise, y a veces ella también me quiso. En las noches como ésta la tuve entre mis brazos. La besé tantas veces bajo el cielo infinito. Ella me quiso, a veces yo también la quería.  Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos. Puedo escribir los versos más tristes esta noche.  Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella.  Y el verso cae al alma como al pasto el rocío. Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.  La noche está estrellada y ella no está conmigo. Eso...

Vespertina

Espera una excusa para sentarse a escribir, un momento donde su mundo no tiene luz y su corazón se queda sin esperanzas. Por su mente pasan susurros de los vestigios de memorias, de besos apasionados y momentos inolvidables, mientras que, ella asegura, por la de él pasan tristezas de aquella persona que considera su ángel, su guardiana y su amor. ¿Dónde queda entonces, el cariño que se ha brindado? No hay comparación alguna, ella es ella y para ti ella lo es todo. Entonces, solo queda sentarse en la oscuridad, bajo la ligera llovizna que le recuerda que, a pesar de todo, se sigue vivo y se está sólo.  

"Nunca jamás"

Nos encanta cuestionarnos sobre cosas de las que no siempre deseamos saber la respuesta. El hombre es masoquista por naturaleza y lo único que busca al final es la verdad. La duda existe cuando nosotros mismos nos cuestionamos si el hecho de conocer la verdad nos hace infelices, ¿vale, entonces, la pena vivir en un engaño que nos aleje de la realidad y que nos haga sentir felices? Entonces, cuando me sucede, no tengo otra cosa que hacer que responderme a mi misma: No, no vale la pena vivir en un engaño, en una realidad falsa, en una felicidad inventada. Es allí donde abro mi mente y suelto mis lágrimas a la almohada y dejo que la verdad, esa cruda y fuerte verdad me atropelle con todas las de la ley. Dejo que la verdad entre en mi mente y baje lentamente hasta ir destruyendo mi corazón. Permito que la verdad se apremie de mi infelicidad, de mis sentimientos de tristeza, de todo lo que tengo. Lo bueno, después de dejar que la realidad me mate es que vuelvo a renacer, y renazco como nunc...